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sábado, 13 de agosto de 2011

Detenida

Las risas, los besos y sus silencios en el mar, como una pintura que se derrama en la pared. Otro tiempo de oscura nocturnidad y algún cigarrillo que acompañe los escritos. Es una noche rebelde con contracturas musculares. Dolor.

Vamos hacia nuestro próximo tiempo, jamás pensando en dejar lo que nos espera, vivir lo posible y creer en lo imposible. Cada amanecer cambiando de marea, arrastrando la única ruta hacia nuestros propios miedos.

Los gestos, su corazón, su sonrisa clara…tatuajes en mi alma que no me permiten huir,
Al corazón de mi pecho he visto partir en un siniestro aeropuerto, muy dentro del equipaje de mano, 
se ha llevado nuestros códigos, ha vuelto a asaltar mi mente esta noche, y siempre me exprime no tenerle en todos los tiempos, desfasados por horario, eternizados en deseo, me ciego ante el lado vacío de su abrazo.

Los labios que me hablan de lo que cree y siente, los mismos matan razones sin besar los míos

El tiempo pasa sin consultar, y pasa en su ausencia. Me rasga la piel. Ráfagas de sangre derraman luminosas pinceladas de vida a mi gris.

La sensibilidad es la epidemia de mi época gélida, siempre a punto de estallar.
Nos venden métodos escapistas e imágenes deformadas, la distancia pretende que huyamos del presente, exige dejar el pasado y renunciar al futuro. Frío.

Relojes cada uno al compás del capricho para ir creando representaciones de una realidad, una verdad.

Siempre existe mucho que hacer, siempre mucho que sentir ya que hasta hoy, sus defectos son deliciosamente soportables.

Así también se siente el alma a la distancia, encargada de recopilarte en el tiempo, empapando de personalidad el sentimiento.
De lo contrario…estas líneas serían también entre tanto, imposibles.

lunes, 8 de agosto de 2011

El mono frustro.

1. Antecedentes.

Tuve durante mis primeros 20 años de vida varias clases de mascotas:
Las plantas de casa antes de la llegada de mi primer perro eran mis mascotas. Tengo que reconocerlo. Las alimentaba, lo cual incluía regarlas, darles vitaminas y café en la tierra porque mi madre decía que eso les hacía bien (no tengo ni idea si eso es cierto pero sobrevivieron y fueron hermosas). Las limpiaba, removía la tierra de cada maceta, pasaba paños húmedos por las hojas para refrescarlas y verlas brillar, luminosas. Les hablaba como si fueran perritos o perritos-planta.

Luego llegaron los perros. Perros de varias razas, entrañables compañeros que han despertado en mi profunda ternura, actualmente tengo una y sigue siendo un intercambio de amor desinteresado y compromiso constante.
Peces: clasificados y en varias peceras, toda una fan. A pesar de la cantidad de comentarios (sobretodo de mi madre) acerca de que los peces "traen mala suerte". Leyendas Urbanas.
Tortugas de tierra, torgutas de agua, grandes y pequeñas, de acuario y de jardín.
 En la casa de Iquitos (selva peruana), a los 6 años de edad, se añadieron a solicitud en insitencia mía muchos pollos y ocasionalmente serpientes intrusas que entraban entre los árboles y plantas innumerables del jardín. Yo, en mi delirio por las mascotas me permitía fantasear con que eran parte mi zoo personal hasta que las mataba o se las llevaba lejos el amable señor vigilante de la seguridad de casa. Siempre preferí pensar que las apartaba y luego las soltaba en medio los matorrales y árboles.

2. En Iquitos vamos un domingo al zoológico "Quistococha". Hay animales sueltos alrededor de los visitantes, yo tengo 6 años y me parece genial. Algunos monos (que medían la mitad que yo) se me acercan juguetones. Yo voy comiendo una bolsa de patatas fritas y le ofresco una a los monos. Uno de ellos me sigue, encantador. Yo le sigo dando patatas. Seguimos comiendo juntos patatas a gran velocidad. Se me acaba las patatas. El mono se pone histérico. Grita, se avalanza contra mi, sigue gritando, yo estoy segura de que piensa que no le quiero dar más patatas y que no es consciente de que se me acabaron. Se lo trato de explicar, el mono viene directo hacia mi, gritando, fuera de control. Termino corriendo en círculos alrededor de una pequeña pileta de piedra gritándole al mono repetidamente: "ya no tengo nada!!". Me paso un susto mortal y la gente se ríe de mi.

3.Una mañana tropical en la casa de Iquitos mi padre recibe a un amigo de visita. El amigo trae un mono en su chaqueta. Es muy pequeño, raza "titi". Como es de suponer lo deseo más que a nada en el mundo. Me las arreglo con un histrionismo propio de mis seis años para que mi padre pague una suma exagerada por el mono. El mono se queda en casa, en mi cabeza literalmente. Soy muy feliz porque tengo un mono, no me separo de él en toda la tarde, lo quiero más que a nada. Por la noche mi madre me prohibe que el mono duerma en mi habitación, le prepara una caja cómoda en la cocina y lo deja ahí. Me despierto en la madrugada con una tormenta bárbara, común en la selva. No hace frío, pero pienso que el mono tiene frío, voy a la cocina e intento proteger la caja del viento tormentoso, con una bolsa de plástico.
La mañana siguiente mi madre me cuenta que el mono escapó por la ventana y que estará en los árboles lejanos jugando con sus amigos monos. Me siento triste pero no puedo evitar sonreir pensando en todos los monos jugando juntos.
Con 19 años mi madre me dice la verdad, el mono murió por la bolsa plástica. No quiero ni pensar ni describirlo, me quedé triste de por vida.

4.Lima. Salgo con un amigo de la escuela naval. Es amable y carismático. Salimos de vez en cuando. Yo tenía 17 años. Un 31 de diciembre antes de irnos de fiesta aparece en mi casa con un mono. De aproximadamente 30 centímetros, lindo, gracioso, juguetón e hiperactivo. El mono perfecto. Me olvido de mi amigo marino. Juego con el mono hasta la hora de la fiesta, no deja de sorprenderme el parecido que tienen con nuestra especie. Cierro las ventanas y las puertas, me aseguro de que el mono no pueda escapar de la casa. Me voy a la fiesta. Mi madre no está y no sé cómo avisarle, pero me parece simple y lo resuelvo, dejo a mi madre una nota diciendo: " vengo temprano, cuídame el mono". Vuelvo de la fiesta, no hay cortinas sino hilachas desgarradas por todo el salón. No hay mantel. No hay cristalería sobre ninguna superficie. El sofá principal tiene claros signos de arañazos desgarradores también. Mi madre me dice cosas irrepetibles y muy justas. No me quedo con el mono.

5. Madrid, con 31 años. Aún quiero un mono. Mayte dice: "ni de coña".

martes, 2 de agosto de 2011

"The Lady in Red"

ROJO: corte y sutura, rojo sangre y amante, rojo cordón umbilical, rojo en tus mejillas, rojo... tu vestido.


"I've never seen you looking so lovely as you did tonight. I've never seen you shine so bright..."

San Isidro, Lima. Una noche de verano del 2004.


En una cola caótica con Adela, compañera de desaciertos y pequeñas aventuras en la acera del centro cultural PUCP (Pontificia Universidad católica del Perú), esperando entrar al concierto de "Silvio a la carta". Un grupo en homenaje a la música del gran Silvio, canciones escogidas con inteligencia y versionadas con talento. La calle bonita y ruidosa por el tráfico de esas horas es un extraño equilibrio de actitud bohemia-intelectual con la Lima acústicamente contaminada por la que circulamos. Adela espera con cierta emoción. "Al fin voy a conocer a tu novia, al fin, al fin..." dando saltitos de niña juguetona a punto de recibir un helado. Bueno,no es para tanto, pienso yo, (rancia). Y ya en actitud negativa sigo pensando, "esta noche voy a conocer a tu ex novia, que ya de lejos me cae mal y entre las tres (Adela, su ex y mi novia) es posible que logren que el concierto sea menos bueno que si hubiera venido sola." (Rancia mal).
Recuerdo el jaleo, los múltiples intentos frustros de comunicarnos con ellas por celular, pero pasa una combi, pasan 3, los coches se gritan entre sí, cada uno con su claxon y conductor (cada coche grita como puede, usando todos sus recursos). De esta avenida no sale nadie, y mi voz por el celular menos, pienso con cierto aburrimiento.
Al fin entre el tumulto y el desorden pacífico de la cola (entendamos que los individuos que acuden a un concierto de Silvio a la carta son más bien tranquilos, y si se violentan en la intimidad de sus días no suele ser durante o previo al concierto) pude reconocer una figura felina, negruzca que se trataba de esconder tras una melena lisa y sedosa, cual comercial de Pantene. Era Diego Bertie (actor peruano concocido en teatro y culebrones de los 90) que salía tratando de firmar lo menos posible en lo que autógrafos se refiere, como si con esa ropa de cuero pegadito no resaltara lo suficiente. Ja!
Dentro del bullicio Adela intentaba decirme con gestos, gritos, saltos y ya finalmente con un dedo indicando coordenadas exactas, que había visto a una chica guapísima. La vi, despistada, de melena indomable, traía un vestido rojo perfecto, simplemente perfecto. Recuerdo sus ojos tímidos y su sonrisa de un blanco luminoso y cautivador, pensando quién sabe qué (y nunca lo sabré). Así te vi, de pronto tu mirada y sonrisa apuntaban a un solo objetivo, una mueca cómplice y los pasos cortos que corrieron hacia mi. Me besaste, y te prendiste de mi mano con naturalidad, yo mientras tanto seguía sin entender y quise preguntarte ¿de verdad estás conmigo?, ¿es cierto que son los dioses tan generosos esta noche?. Lovely darling, lovely...
Luego son pocos los recuerdos de esa noche, recuerdo un concierto emotivo, encantador. El whisky con hielo en casa luego del concierto y tú, aún con tu vestido rojo, preparando tequeños rellenos de queso para la madrugada de conversaciones. Sentada a mi lado, soportando la verborrea de las madrugadas interminables en la sala de sofás grises donde vivíamos.
Aún ahora, a la distancia, puedo sacarte el rojo de las mejillas con un recuerdo impertinente, narrado con respeto a nuestros tiempos, con ingenio para robarte una sonrisa que no veo.

Gracias a ti por tus rojos, todos, los buenos y los malos, por tu sonrisa, aunque no la veo, sé que sigue siendo una sonrisa cómplice a través de los años.

"...I never will forget the way you look tonight..."

miércoles, 27 de julio de 2011

Bahamas Infernal.


EL SUEÑO AMERICANO : “…Para algunos, es la oportunidad de lograr más riqueza de la que ellos podrían tener en sus países de origen; para otros, es la oportunidad para sus hijos de que crezcan con una buena educación y grandes oportunidades; por último, hay quien lo ve como la oportunidad para ser un individuo sin restricciones impuestas por motivo de raza, clase, religión, etcétera.
Mientras el término con frecuencia se asocia a la inmigración en Estados Unidos, los estadounidenses nativos también lo describen como "búsqueda del sueño americano" o "viviendo el sueño americano"….”  GRACIAS, WIKIPEDIA.

¿A quién engañamos?, el verdadero sueño americano, (si es que algún incauto aún sueña), no es llegar a sudar con el calor de Miami repartiéndote entre 80 a100 horas de jornada semanal entre dos restaurantes latinos (grasientos y poco salubres) y algún mall reponiendo y doblando ropa que otros impíamente desbaratan a su antojo casi por hacerte trabajar más. Eso como mucho es la pesadilla americana. El verdadero sueño americano es estar de VACACIONES (entiéndase DisneyWorld, Epcot center, Seaworld, MGM, compras compulsivas, playas paradisacas, hoteles fabulosos y clubes nocturnos para todos los gustos), sin hacer nada y con todo pagado. Si no lo mereces mejor aún, lo disfrutas más porque ningún esfuerzo te ha costado.

Miami, 1989.
Mi madre (29), hermana (6) y yo (9), última semana de tour en Florida-EEUU.
Por razones que poco recuerdo y creo que es mejor así, nos encontrábamos las tres frente al enorme barco que nos llevaría a pasar el día en las Bahamas. Recuerdo mi mal humor, (característico desde pequeña, las fotos hablan por sí mismas), pero mis razones tenía:  haber tenido que despertarme a las 6am, desayunar el asqueroso jugo de naranja artificial made in usa y llegar legañosa al puerto aún con el viento que refresca o congelaba mi prominente nariz.  Terminé de despertar cuando noté que no lograba sacar una foto al barco, una completa. No entraba en la foto, entonces pensé que era el barco más grande que había visto en mi vida. Más que los de la televisión. La vida a bordo fue aún mejor, casino para mamá, piscinas y jacuzzi para mi hermana y yo (vestidas con trajes de baño iguales made in usa too). Para un niño la experiencia del buffet es una feliz contradicción a las normas de comida diaria de no dejar nada en el plato (porque sino los pobres niños pobres serían más pobres y estarían más tristes por culpa tuya). Pues no, en el buffet me traía al plato toda la comida que me llamaba la atención sin pensar en que tenía que comerla, por colores, por formas, presentación, etc.
Al fin, llegamos a las islas Bahamas. Mi madre metió en una mochila azul jean clásico (que nunca olvidaré) lo indispensable para vivir e identificarnos y a la vez lo necesario para estar fuera del país:  Pasaportes, pasajes, bonos de tour, cámara fotográfica, camiseta de recambio para cada una y la bolsa de viaje de poco más de 5000 dólares (sigo sin entender porqué la llevaba en efectivo, Mamá algún día te lo preguntaré…), dinero que solventaría nuestros caprichosos gastos las tres semanas posteriores al tour, semanas que pasaríamos en casa de familiares y amigos que todos tenemos en cada uno de los estados de EEUU (costumbre latina).  Recuerdo pocas cosas, un cielo celeste pintado de postal, el primer grupo de reggae que vi en vivo tocando en una calle cualquiera (eso me dejó alucinada buen rato), muchas personas de piel negra y todos muy sonrientes con ropa multicolor. Pasado el tiempo pienso si la alegría de los lugareños se debía al consumo de cannabis… de todas formas bien por ellos, se veían felices o así los recuerdo. Pasamos por tiendas, alborotos y poco tiempo después tomamos un taxi hacia la playa. Yo pensaba en llegar y correr hacia ese mar tan celeste que había observado todo el camino desde el barco, ya a esa edad disfrutaba mucho el nadar y quería mi día de playa en colores nuevos. Llegamos a la playa y yo olvidando que venía acompañada corrí hacia la dorada arena, fina como polvo brillaba entre mis pies, yo levantaba la que podía con pasos agigantados y rápidos que se dirigían directamente al agua cuando mi joven madre gritó: “un ratito, espera para tomarnos una foto”… lo siguiente fue buscar la cámara,  que estaba en la mochila que no estaba en las manos de nadie. Mi madre olvidó la mochila y su contenido valioso en el taxi. No teníamos como volver al puerto, no teníamos dinero, no podíamos salir de las Bahamas ni entrar a EEUU sin pasaportes. Sumado a esto el ataque de nervios que tenía mi madre encima, claro ahora pienso que con dos niñas de 9 y 5 años y ese panorama no era para menos.  Luego todo fue un cúmulo de agonías y angustias, yo iba cual cometa llevada el brazo hacia donde mi madre corría, gritaba, se desesperaba y todo esto en la entrada a la playa, que se despedía de mí, mientras me alejaba hacia la calle donde el taxi nos había dejado hacía menos de 5 minutos.
Por suerte, el final no fue tan trágico, las Bahamas, por mi minúscula experiencia está llena de taxistas honrados, bien comunicados por radio que rápidamente contactaron con el taxista que tenía la mochila azul. Cuando apareció en su taxi color muy amarillo mi madre contó el dinero y revisó el contenido de mochila. No faltaba nada y fue entonces cuando la vi saltar a sus brazos y besarlo en la mejilla pero apasionadamente, pensé que nacía una historia de amor… pero era un agradecimiento desesperado.  Volvimos al puerto en el mismo taxi porque ya no quedaba mucho tiempo para nada. Nunca metí los pies al mar.
“…en el mar la vida es más sabrosa…”